Introducción por Ronald F. Docsai
El continente americano se encuentra bajo ataque. América Latina, la compañera y aliada tradicional de Estados Unidos está siendo penetrada por el poder soviético. La Cuenca del Caribe está poblada por apoderados soviéticos y delimitada por Estados socialistas.
Ningún gran poder es lo suficientemente fuerte para conducir políticas exteriores hemisféricas como si las diferentes regiones del mundo estuvieran aisladas y no se afectaran entre sí. Históricamente la política de Estados Unidos hacia América Latina nunca ha estado separada de la distribución global de poder, y no existen razones para pensar que lo que suceda en la década de los ochenta entre los mayores Estados en un área del mundo, no afectará las relaciones de poder en los otros continentes. La Doctrina Monroe, la piedra angular histórica de la política de los Estados Unidos hacia América Latina, reconocía una íntima relación entre la lucha por el poder en el Viejo y el Nuevo Mundo.
Los tres grandes principios de esta doctrina eran:
a. "No más colonización europea en el Nuevo Mundo".
b. Abstención por parte de los Estados Unidos en los asuntos políticos europeos".
c. "Oposición por parte de Estados Unidos a la intervención europea en los gobiernos del Hemisferio Occidental".
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